Un hombre hemostático II
Su tía Atii era una vieja cascarrabias cuyo marido había muerto en la batalla que mantuvo Egipto contra Siria en defensa del sito de ésta en Jerusalén. Los Hititas le enviaron la cabeza y las entrañas de su marido en una jarra de barro, jarra exenta de los ornamentos necesarios para que el cuerpo de éste viviera eternamente entre los muertos. Cada noche Umteth sentía en sus propias carnes los golpes que su padre propinaba a su madre. No los veía, pero los sentía. En ocasiones, por la mañana, corría cruzando Tebas presintiendo lo peor a casa de sus padres; y allí solía encontrar a su madre tendida en su alfombra llorando desconsoladamente los golpes que le marcaban el rostro y el cuerpo.
Así transcurrieron los tiempos de una clepsidra, de dos y de hasta tres clepsidras. Una noche, Umteth, descansando en su alfombra pudo observar una bandada de gaviotas cruzando los cielos de Tebas en dirección sur mucho antes de llegar las lluvias que desbordaban el Nilo y cubrían los pastos y tierras de cultivo de agua, y , como si fuera una bendición de los Dioses, los campesinos gritaban, cantaban y bebían vino.. En su pueblo este hecho solía asociarse a buenos presagios, grandes noticias. Presintió que Atón tendría a bien, por fin, llevarse a su padre en su compañía. Esa misma mañana, como otras muchas, Umteth corrió cruzando Tebas. Al llegar a casa vió a su padre tendido en su alfombra con una enorme hemorragia por causa del vino sobre su hígado. Madre estaba triste. El médico le miró a los ojos y le dijo que se desgarraba las vestiduras, pero que su padre moría víctima de una hemorragia que le estaba secando por dentro. Irremediablemente.
