Un hombre hemostático I
Umteth vivó en la era del Dios Atón, durante el reinado del Faraón Akhenaton a orillas del Nilo, en la ciudad de Tebas. Su servicio fue prestado a las órdenes del Trapanador Real, cuya fama abarcaba los reinos de Babilonia y Siria. Nacido en el seno de una humilde familia anduvo su infancia correteando por las calles del puerto de Tebas, entre lupanares y tabernas, comerciantes de especias, trigo y metales. La hemostasis era, para él, un misterio. De hecho nada sabía de su condición de hemostático. La primera ocasión en la que tuvo una experiencia hemostática fue junto a su padre, un viejo sifilítico cuya única virtud era saber utilizar el bastón con maestría tal que jamás su esposa hubiese osado no tenerle el plato de oca entre el jazmín de sus manteles. Tal era su destreza con el bastón. Las tardes las pasaba en la taberna, alegrándose el espíritu con vino en ocasiones, con cerveza en otras. Por las noches, Umteth exhortaba al Dios Atón a fin de que se llevase la vida de su padre. Tal era su ímpetu en tales tareas que su madre Thirem , por las mañanas, despertábale con suculentos desayunos, entre nostálgica y agradecida. Llegó, Umteth, a desear tanto la muerte de su padre que enfermó de los pulmones y precisó, según el médico, de aires secos para poder convalecer. Por esta razón paso tres años cerca de la casa de la muerte, en una pequeña casa de la hermana de su madre, Atii.
