El rechazo, en el desconocimiento de la causa, duele, es frío, aunque me abraces con fuerza. No entiendo porqué mi lecho es pequeño para ti, porqué mis brazos son débiles y mi cariño escaso. No entiendo, en definitiva, porqué no quieres compartir tus sueños conmigo.

No he dormido. La luz de la cocina volvía a parpadear y he vuelto a ver mi MIEDO sobre la nevera como un charco viscoso, y, esta mañana, mi corazón latía con la debilidad de no poder protegerte. Lloro con la tristeza, sonrío con la alegría y no soy fuerte.

Te regalo una pequeña lágrima.