Hongo
Me encaramé a aquel peñasco para ser testigo directo del pasear del faraón, de cómo intuía el lugar dónde hacer germinar la vida, de cómo realizaba los cálculos necesarios para establecer sin margen de error el momento en el que los planetas confluían y abrían ante sí un pasillo de flores y olores a jazmín en el que una leve brisa, taimada y con aires a flor de azahar, le debía envolver, transportándolo a otra realidad de otros aromas y otros colores. Ese fue el instante en que germinó la vida: entre vulgares montoncitos de arena y sabrosos chorretes de miel, amaneció una sonrisa con dientes de azúcar y labios manchados de caramelo, que escondía unos ojos azules tras el hueco de la escalera.
Vivir ese instante, tarde o temprano, debería hacerme sentir augusto, mayestático, sublime, superior pero transigente, en definitiva, humano. Vuelta.
Es la hora del tren de luz. ¡Mira como se acerca!- espetó el niño a su amiga sorda. Ven y sígueme. Vamos a buscar el agujero por dónde se escapan las ilusiones. Allí podremos controlar nuestros instintos y ponernos a imaginar otros sonidos, para que puedas verlos.
Con él cerca le pareciera como si oyese.
Sin embargo aquél sueño regularmente se le repetía. Pobre niña. Las sombras se le acurrucaban como si tuvieran miedo de la luz. Como si tuvieran frío tiritaban entre sus brazos y su regazo. Que mal momento. Le resultaba dulce el retorno a la realidad, tan y tan dulce que se le manchaban los labios de caramelo. Otra vez su madre cantó, desde la cocina, aquello de ……..A desayunar. Aquel olor a café y mandarina ahuyentaba, implacable, a las sombras. Pobres sombras. Se levantaba pequeño y a medida que se acercaba a la cocina iba envejeciendo hasta que, al sentarse a la mesa, ante bollos y suflés, azúcar y miel, zumo de naranja, se convertía en un ser de tercera edad. Viejo. Anémico. Arsénico y bollitos de crema.

Mea Duda dijo
Me encaramelé a aquel peñasco para ser testigo director del pasear y del faraón, de cómo intuía como un druída el lugar dónde hacer germinar la vida, de cómo realizaba los cálculos no necesarios para establecer sin margen de error ni fallo, ni follo el momento en el que los planetas confluían y abrían ante sí un pasillo de flores y olores a jazmín y ternura, en el que una leve brisa, taimada y con aires a flor de azahar y no jazmín, le debía envolver, transportándolo a otra realidad de otros aromas y otros colores. Ese fue el instante en que germinó la vida: entre vulgares montoncitos de arena, lingotes de frescura y sabrosos chorretes de miel y de no miel dá, amaneció una sonrisa con dientes de azúcar y labios manchados de caramelo, que escondía unos ojos azules tras el hueco de la escalera y al final de aquella huerta.
Vivir ese instante, tarde o temprano, trempado y tarde, debería hacerme sentir augusto, mayestático, sublime, superior pero transigente, en definitiva, humano. Vuelta.
Es la hora del tren de luz. ¡Mira como se acerca!- espetó el niño a su amiga sorda. Ven y sígueme. Vamos a buscar el agujero por dónde no se escapan las ilusiones. Allí podremos controlar nuestros instintos y ponernos a imaginar otros sonidos, para que no puedas verlos.
Con él cerca le pareciera como si oyese.
Sin embargo aquél sueño regularmente se le repetía. Con los suspiros de la luna. Pobre niña. Las sombras se le acurrucaban como si tuvieran miedo de la luz. Como si tuvieran frío tiritaban entre sus brazos y su regazo y sus lamentos y sus qué sé yo... Que mal momento. Le resultaba dulce el retorno a la realidad, tan y tan dulce que se le manchaban los labios de caramelo. Otra vez su madre cantó, desde la cocina, dsede su propio santuario aquello de ……..A desayunar. Aquel olor a café manchado y mandarina ahuyentaba, implacable, a las sombras. Pobres sombras, ricas en misterio. Se levantaba pequeño y a medida que se acercaba a la cocina iba envejeciendo, empequeñeciendo hasta que, al sentarse a la mesa, ante bollos y suflés, azúcar y miel, zumo de naranja, se convertía en un ser de tercera edad. Viejo. Sabio. Niño a la vez.Anémico. Arsénico y bollitos de crema.
Feliz ano amigo
30 Diciembre 2005 | 08:16 PM