Enjundias, injurias y otros alimentos.
Me vi obligado, tras pasar siglo y medio hivernando, a alimentar mi ego. Aposté para ello a un solo campeón. Así, entre pintos y pinturas, chocolate, vacas y francos, y, evidentemente, entre fogones, conocí a DIltoro. Ver enlace. Extremado gas-trónomo, llevó el lema "lo bueno, si breve, dos veces bueno" a su más radical expresión. Me explico: Diltoro, un hermoso día, salteando unas judías, consiguió, tras años de intentonas, curvar el tiempo entre sus dedos. Así dispuso un nuevo entramado espaciotemporal en el que los seres humanos de corta vida, en el sagrado momento de alimentarse, se veían zambullidos en una dimensión en la que el tiempo era lienal pero en sentido contrario.
De esta forma terminaban de comer un instante antes de comenzar.
Con ello acanzó la calidad a través de la brevedad y tras un juego de palabras en el que lo breve es dos veces bueno, si es bueno y, por consiguiente, y sólo apostando por signos de puntuación, lo breve: es bueno, si dos veces bueno, comenzó a entender que ese era el camino.
En esta formulación Diltoro quedó estancado años y años. en la seguridad de que, a pesar de ser éste el camino, algo no encajaba. Hasta que, una mañana, cocinado bechamel, dió con la fórmula correcta:
Lo breve. Lo bueno. Si! dos veces bueno.
o lo que es lo mismo:
Dos veces. Lo bueno es y breve. Si.
Obseven estimados Srs. Primates que esta última formulación contiene en ella misma la clara indicación de que es es la formulación idónea. Tras el punto y seguido final se puede leer sin género de dudas la partícula afirmativa "Si". Es obvio explicar que, en caso de que ésta no fuese la formulación corracta, como trataron de sostener, entre otros, Lucio, en su volumen de "Los huevos estrellados con patatas fritas" o, Adriá en su libro "espuma de paella o dudas y conjeturas", la párticula final sería "no".
Por todo ello me deshice en agradecimientos y felicitaciones, dado que el día en que decidí alimentar mi ego, un instante antes, ya lo había hecho.
Gracias Diltoro.
